
Tu historia
Enfrentarse a una hoja en blanco era algo que solía hacer por placer. Los dedos seguían fielmente el teclado para expresar por escrito lo que se desprendía en cada uno de sus pensamientos. Si expresarse era tan sencillo, ¿por qué no aprovecharlo? Su primer encargo fue una historia de vida. Cuando alguien moría, una persona desconocida, extraña, sin ningún vínculo, escribía un detalle de la vida del difunto, de su vida objetivamente expresada desde el punto de vista de un voyeur. Un breve resumen de lo que alguien había explicado. Una serie de frases que podían usarse en cada ocasión, tuneadas con nombres diferentes de personas y de lugares. Fácil. Muy fácil. Se dedicó también a escribir historias de cumpleaños. En una de ellas, alguien cumplía 60 años y su familia quería un relato de vida. Nunca sabía, de inicio, el nombre de la persona. Prefería no saberlo hasta el final, para no enturbiar el relato con posibles coincidencias. Habló con su familia: sus hijos, su pareja, sus hermanos. Cada uno de ellos le dio un punto de vista similar. El fondo de esa persona era bueno, sencillo, amable. Todos le reconocían como una persona luchadora, fuerte, entregada. Reconoció tantas situaciones contadas, tantos años compartidos, tantos momentos parecidos… ¿sería posible?. Le recordaba tanto a él. Alguien a quien solía conocer y a quién tuvo que decir adiós cuando la vida cambió todo en segundos. Rompió su única norma y preguntó su nombre. Un sonido y sintió de nuevo todo el dolor de la despedida. Sintió cómo se desprendía lo que aún quedaba entre su silencio y su adiós. Todo lo que había conseguido esconder y atar con nudos de ansiedad y que ahora se rebelaba, sin posibilidad de rendición. Había vuelto a su vida. Había vuelto a aparecer. Y debía escribir su historia, en la que no iba a aparecer para nada, aunque había formado parte de su vida durante muchos años. De su vida dos, que en ocasiones había sido su vida uno, mientras no hubo necesidad de escoger. Entregó su historia a tiempo, como solía hacer. Sólo que, no era una historia más. Rebosaba ternura, orgullo y amor. Fue mucho más. Fue un adiós, segura de que volvía a ser feliz, con los suyos. Una prueba de su elección correcta, en el momento justo, aunque el resultado fuese una escritora con el alma rota. Pero en el fondo, un gran regalo, que permitiría que otras muchas historias tristes inundasen hojas en blanco.
